martes, 20 de diciembre de 2016

Los Megalitos de los Chamanes Voladores

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Las estepas de Mongolia están salpicadas por extraños menhires levantados con fines mágicos o rituales.

 

En tiempos remotos, Asia central vio nacer una casta de sacerdotes-médicos cuya influencia en la tribu radicaba en su capacidad para intermediar entre el mundo de los vivos y el elusivo universo de los espíritus, privilegio que les facultaba para curar a los enfermos, exorcizar demonios, adivinar el futuro y una larga lista de funciones generalmente vinculadas con la magia. Lo que resulta excepcional es que aquellos primitivos chamanes actuaran también como arquitectos y erigieran monumentos similares a los levantados por los constructores de megalitos. En Siberia y Mongolia están las pruebas sólidas de que fue así.

Si preguntamos a un antropólogo cuál es el origen del chamanismo, probablemente obtendremos una respuesta vaga, pues el fenómeno posee múltiples variantes y se extiende a prácticamente todo el mundo. En cambio, si lo que nos interesa es conocer de dónde proviene la palabra chamán, la solución nos dirige a un área más reducida, concretamente a las regiones del centro-norte de Eurasia, las habitadas por las etnias túrquicas –que no turcas–  y mongolas.

 

En cuanto al significado del vocablo, éste define a un sanador o curandero, aunque la traducción del término chamán en lengua tungús –literalmente «el que sabe»– sitúa a estos personajes en un marco aparentemente ambiguo, pero en todo caso distinto del de los médicos convencionales.

 

«Él –o ella– actuaba como intermediario entre la Humanidad y lo Otro, y como guardián de la tradición cultural y mágica. Su trabajo implicaba dirigir las bendiciones, sobre todo en bebés recién nacidos, realizando rituales de protección, adivinando el futuro, sanando a los enfermos, exorcizando fantasmas y demonios, supervisando el entierro de los muertos y, principalmente, actuando como mediador entre la tribu y el mundo de los espíritus y sus habitantes», escribe a propósito de esta cuestión el reputado ocultista Michael Howard.

Chamanes: ¿embajadores del diablo?

Cuernos, tambores, voces extrañas, espíritus malignos… Dada su condición de occidentales y cristianos, no es raro que Marco Polo, Witsen, Johnston y demás pioneros en contactar con aquellos peculiares sacerdotes, extrajeran la conclusión de estar ante una especie de embajadores del diablo.

 

Afortunadamente, la perspectiva sobre el chamanismo y sus practicantes comenzó a cambiar en la segunda mitad del siglo XIX, momento en que la antropología se constituyó como disciplina independiente y el chamanismo se convirtió en uno de sus principales objetos de estudio… con las estepas de Siberia y Mongolia como principal observatorio del mismo. Porque pocos dudan de que fue allí donde nació el «chamanismo fundamental» al que se refería Michael Howard. Lo demuestra el hecho de que tales prácticas están tan enraizadas entre sus habitantes que han perdurado hasta nuestros días, aunque también hay otras evidencias al respecto, mucho más «sólidas», que se ha encargado de desvelar la arqueología… 

 

Los primeros chamanes que habitaron estas tierras dejaron su impronta en las piedras que les rodeaban. Misteriosos petroglifos hallados en Siberia confirmarían la existencia de una primitiva escuela de pintores chamanes. Y no sólo se trata de arte parietal. Por insólito que parezca, en las planicies de Siberia y sobre todo en Mongolia existen megalitos que parecen llevar la firma de esta enigmática casta sacerdotal.

Las "piedras ciervo"

Incluso hoy, las estepas de Asia Central ofrecen un paisaje monótono, con apenas fauna y sin señales de haber sido hollado por el hombre. No obstante, en ocasiones surgen otros signos que denotan la actividad civilizadora, aunque en el caso que nos ocupa estos remitan a los antiguos pobladores del lugar, quienes, en torno al segundo milenio antes de nuestra era, erigieron cientos de extraños megalitos.

 

Aunque también los hay en Siberia y en otras áreas de Asia Central y Oriental, aproximadamente 500 de estas construcciones, la mayoría de hecho, se concentran en Mongolia. Por lo general, los bloques no presentan signos inscritos, pero algunos fueron grabados con motivos animales y, más a menudo, con cérvidos. Es por eso que son conocidos como «piedras ciervo» o «piedras reno», según la diferente interpretación de quienes los han estudiado.

 

Esculpidos sobre granito o diorita, en función de la abundancia de uno u otro mineral en el área donde se erigieron, algunos monolitos superan los cuatro metros de altura, aunque lo normal es que no levanten más de un metro sobre el suelo. En cuanto a su morfología, la parte superior de los mismos suele ser plana o redondeada, si bien en algunos monolitos se aprecia que ésta fue rota o arrancada deliberadamente, quizá para eliminar un diseño o deidad «inconvenientes». En relación con los grabados, estos se practicaron antes del levantamiento de los bloques, aunque varias de estas piedras muestran que fueron esculpidas en origen.

 

A propósito de esto, los relieves presentan cortes profundos y rectos, lo que indicaría que se usaron herramientas metálicas. De hecho, ciertas piedras parecen haber sido grabadas con un primitivo mecanismo de perforación mecánica, detalle que desconcierta a los investigadores. Por último, pese a que los megalitos han sido datados en una época relativamente cercana –la Edad del Bronce–, nadie sabe con certeza quiénes fueron sus autores, aunque los dibujos inscritos en las piedras sugieran que sus constructores practicaban el chamanismo o alguna clase de creencia animista. Veamos por qué.

 

Ya hemos mencionado que en muchos de estos megalitos se grabaron ciervos o renos, además de otros símbolos entre los que destaca el disco solar. Pero aún más relevante es la «actitud» de dichos animales, pues como advierte el antropólogo y experto en chamanismo Piers Vitebsky, «el reno fue representado con el cuello muy extendido y las patas flotando sobre el suelo, no como si el animal avanzara al galope, sino como desplazándose por el aire».

 

En apoyo de Vitebsky, el también antropólogoWilliam Fitzhugh subraya que a veces las astas de los cérvidos aparecen plasmadas por parejas y que éstas presentan unos diseños espirales muy enrevesados, tanto que en ocasiones abarcan todo el cuerpo del animal. Además, incide en la presencia del disco solar situado justo en mitad de las astas, abundando en que en el chamanismo siberiano es muy frecuente la asociación entre el reno y el sol.

 

Finalmente, Fitzhugh recuerda los tatuajes que presentan los cadáveres en algunos enterramientos de la región, pues entre los diseños destacan los de ciervos con la cornamenta adornada con pequeños pájaros. En definitiva, es probable que la asociación reno-sol-pájaro simbolice la transformación espiritual del chamán o su viaje desde la tierra hasta el cielo: el paso de la vida ordinaria a la vida celestial.

¿Una ayuda para contactar con el más allá?

Además de los tambores y los cánticos repetitivos, los chamanes de Asia Central necesitaban un pequeño «empujón» para emprender el vuelo, ayuda que obtenían mediante la ingesta de sustancias psicotrópicas. No hay duda de que los chamanes siberianos continúan siendo expertos en el manejo de enteógenos, sobre todo de la amanita muscaria.

 

Los nativos chukchis, coriacos, chuvanos, evenks, yukagirs y otras etnias habitantes de la región de Chukotka, poseen una tradición milenaria que les vincula con el consumo de este hongo. Particularmente los chukchis, cuyos antepasados, hace aproximadamente tres mil años, pintaron en las rocas cercanas al río Pegtymel varias figuras antropomorfas que desconciertan a cualquiera que las observa.

En concreto, se trata de las representaciones de tres mujeres y un hombre con un llamativo adorno que salta a la vista: todos ellos llevan sobre la cabeza –o unidos a ella– lo que parecen ser enormes hongos de la especie amanita muscaria, todavía muy abundante en la zona. De hecho, la también conocida como falsa oronja es imprescindible en los rituales que siguen celebrando los chamanes chukchi, etnia paleosiberiana mayoritariamente dedicada al pastoreo de renos…



Fuente: www.mundooculto.es

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