lunes, 5 de diciembre de 2016

El éxodo «paralelo» del pueblo azteca

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El éxodo «paralelo» del pueblo azteca

Un llamativo paralelismo entre el pueblo azteca y el pueblo hebreo sugiere que Huitzilopochtli y Yahvé pudieron haber sido un mismo dios.

Coatépec, el cerro de la serpiente, era el lugar donde nació Huitzilopochtli, el dios del sol y de la voluntad, patrón de la guerra, de las tácticas bélicas, de las batallas y del fuego. Imagen: Cerro de la Serpiente, Códice Ramírez.

El periodista e investigador Andreas Faber-Kaiser nos contaba en su libro «Las nubes del engaño» que, según las tradiciones aztecas, hace unos 800 años, su dios Huitzilopochtli les dijo que tenían que abandonar la región en la que vivían para dirigirse hacia el sur, «hasta que encontrasen un lugar en una isla, situado en medio de una laguna en la que verían un águila devorando a una serpiente». Añadiendo que en ese enclave habrían de asentarse y él les convertiría en un gran pueblo.

Probablemente, antes de salir a cumplir los designios de su dios, los aztecas habitaban en lo que hoy son los estados de Arizona y Utah. Así que su peregrinar hasta Tenochtitlán —a unos 3.000 kilómetros— fue mucho más largo que el realizado por los israelitas, atravesando zonas de la más variada vegetación, desde áreas selváticas a desiertos, poniéndose a prueba la fe en la palabra de su dios. Hasta que, por fin, encontraron una pequeña isla en medio del lago Texcoco y al águila que devoraba a la serpiente.

Huitzilopochtli en forma humana. Códice Ramírez.

Pero además de este paralelismo con el «pueblo elegido» por Yahvé, existen otras notables coincidencias entre los israelitas y los aztecas. Así, el dios de estos últimos —Huitzilopochtli—, era «protector», como Yahvé, pero también muy exigente e implacable en sus castigos.

Igualmente, tanto Yahvé como Huitzilopochtli acompañaron a sus respectivos pueblos a lo largo de su peregrinaje, ayudándoles directamente a superar las dificultades que se presentaban. Sólo que mientras el primero se manifestaba como una nube —de día— o columna de fuego —de noche—, el segundo adquirió la forma de un gran águila o grulla que, al igual que Yahvé, iba señalando la dirección a tomar.

Otro paralelismo lo encontramos en el hecho de que ambos pueblos transportasen una especie de cajón sagrado que contenía algo de gran valor para ellos, sirviéndoles para comunicarse con sus dioses. Los hebreos portaban el Arca de la Alianza y los aztecas, un «cofre» que colocaban en el interior de un templo móvil.

Fundación de México-Tenochtitlan. Códice Durán, s. XVI.

Finalmente, los dos peregrinaron largos años, aunque los hebreos dando vueltas al desierto del Sinaí durante 40 años y los aztecas más de 150, hasta establecerse en la actual ciudad de México.

Pero hay más similitudes que acercan la historia de estos dos pueblos, como las vicisitudes sufridas por ambos (hambre, sed, plagas, tormentas, guerras…) y la singular forma en que fueron guiados por sus dioses, ya que, cuando se quejaban, aquéllosrespondían con furia acusadora ante su falta de disciplina y de fe.

La lista sería interminable, ya que los paralelismos son tantos que achacar ambos «éxodos» —tan distantes en el espacio y en el tiempo— a la mera casualidad no parece razonable. Ahora bien, si consideramos la hipótesis extraterrestre, surge también una pregunta que podría explicar esas similitudes: ¿no será que Huitzilopochtli y Yahvé eran seres extraterrestres procedentes de un mismo lugar? Es más: ¿no sería el mismo personaje?


Fuente: www.mundooculto.es

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