martes, 6 de diciembre de 2016

Apocatástasis: la restauración a la condición original (en el hermetismo y en el budismo)

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BUDISMO

El retorno a la condición original --condición incondicional--, el regreso a la fuente o a la esencia inmaculada, es una idea central en el hermetismo, y podemos encontrar algunos paralelos en la filosofías de la India.

Nada se destruye, todo se transforma; pero incluso más allá de esto, todo tarde o temprano retorna a su condición original. ¿Pero cual es la condición original del hombre? Según el hermetismo el hombre es parte del cosmos, que es una deidad secundaria (un animal divino para Platón). El cosmos existe en y tiene su sustento en Dios; el hombre existe en y tiene su sustento en el cosmos. Así el hombre regresará a ser el cosmos en su naturaleza más simple y éste retornará a la divinidad en su estado absoluto. Somos polvo de estrellas, pero las estrellas son polvo divino.

Esta idea de la apocatástasis, palabra griega que significa restitución o restauración a la condición o naturaleza original, aparece en el octavo tratado del Corpus Hermeticum donde se explica que el ser humano realmente no muere y que de hecho es el proceso de restauración lo que mantiene el orden mismo que es la esencia del cosmos. Según el erudito G.S.R Mead la noción hermética de la la apocatástasis viene de la astrología, que hace referencia al momento en el que las posiciones de todos los astros se repiten en el cielo –un reset cósmico– y por lo tanto se efectúa una especie de eterno retorno.  

Hermes Trismegisto explica que lo que llamamos muerte es “aniquilación pero nada hay en el cosmos que sea aniquilado. En efecto, el cosmos es un segundo dios y un ser vivo inmortal y es por tanto imposible que muera parte alguna de este viviente inmortal, pues todo lo que existe es parte del cosmos y privilegiadamente el hombre, el ser vivo raciona”. (CH VIII, 1, versión de Xavier Renau Nebot).

Mucho se ha dicho de las fuentes del Corpus Hermeticum y si tiene influencia cristiana, platónica, gnóstica, egipcia e incluso budista o hinduista. Y al parecer las tiene todas aunque las últimas son discutibles. Este concepto de apocatástasis lo defendió notablemente Orígenes, uno de los grandes teólogos de la Iglesia que curiosamente vivió más o menos en la misma época en la que se cree que se escribió la versión del Corpus Hermeticum que conocemos. Orígenes considera que las almas humanas, siendo la primera manifestación o comunicación del Logos como parte del mundo espiritual, fueron creadas ab aeterno, y por lo tanto deberán de retorna a Dios, que es su perfección.  Así Orígenes mantiene que todos los espíritus regresarán a Dios y serán salvados y glorificados, si bien algunos tendrán que sufrir un fuego purificador. Este es el verdadero sentido del eterno retorno, la apocatástasis, la regeneración del alma, la culminación de la evolución que es siempre un retorno hacia la Causa.


Ahora bien, en este afán de unir las tradiciones y encontrar la unidad que creemos es la realidad esencial del misterio, podemos encontrar un paralelo a esta noción de la apocatástasis en la noción hinduista de la existencia cíclica en la que el universo entero es reabsorbido por Brahma, Vishnu o Shiva, según las diferentes creencias.  El universo entero es digerido y regresa a su condición original que no es más que la conciencia de la deidad ; este proceso llamado pralaya (el estado de descanso o disolución en el que cesa la manifestación) es un eterno proceso –junto con la manifestación o manvantara— que se describe como una inhalación y una exhalación, noche y día.

Quizás algo similar a la apocatástasis se encuentra en el shivaísmo de Cachemira con la noción de anuttara, esto es la reidentificación con Shiva, la conciencia suprema, luz increada que experimenta todas las experiencias. El individuo que realiza anuttara no percibe ya ninguna diferencia entre él mismo y la totalidad del universo, es todas las cosas y existe en un estado de perpetua dicha de conciencia no dual. En cierta manera se restaura su condición original que es Shiva; trasciende la existencia pero a través de la inmanencia. 

En el budismo encontramos un paralelo en el concepto de tathatagarbha, o la naturaleza búdica que es la esencia de todos los seres, según se enseñó en el llamado “tercer giro de la rueda del Dharma”. El budismo mahayana mantiene que la naturaleza original de todos los seres es Buda, es decir la mente despierta que es cognición pura no-dual. Esta naturaleza esencial yace intocada e inmaculada por la vicisitudes e impurezas que produce la ignorancia y el apego a los fenómenos generados. En otras palabras la confusión de creer que somos otra cosa que esta mente despierta e iluminada que es lo que significa el término Buda.”El término budeidad no es más que una etiqueta para referirse al simple reconocimiento de la más pura esencia del ser”, dice el gran maestro del dzogchen Longchen Rabjam. En cierta forma el fruto del sendero es la semilla y la meta es el origen.

Esta restauración de la naturaleza original no es una salvación mesiánica o una intervención divina, no es algo que ocurra en la historia sino es solamente el descubrimiento de lo que siempre ha sido, como descubrir que el Sol siempre estuvo ahí aunque no lo habíamos visto porque las circunstancias particulares hacían que aparecieran unas nubes en el cielo. Dice el maestro budista occidental Traktung Yeshe Dorje: “De la misma manera [como el Sol detrás de las nubes] nuestra naturaleza profunda siempre es divina. No es divina en forma de semilla, como un árbol esperando crecer a partir de una semilla, sino completamente desarrollada, ahora mismo”. Y también, en su libro Original Essence, “No hay tal expulsión del Jardín del Edén. Sólo hay una visión distorsionada que nos impide ver las cosas como son”.

Traktung Yeshe Dorje escribe sobre la apocatástasis desde la perspectiva budista:

Un amigo griego me preguntó. “¿Qué piensas de la idea de Orígenes de la apocatástasis, la cual la Iglesia luego declaró como herejía?” Le contesté: “Un hombre entró en un sueño profundo en el que su pierna fue mutilada por un auto. En el sueño sufrió terriblemente. Al despertar, sintió una enorme alegría al comprobar que tenía su pierna completa y sana declaró ‘¡Bendita sea la reconstitución de mi pierna!’… Así uno puede entender la apocatástasis –la restitución o restauración de la condición original primordial… Tal vez algunos se despiertan del sueño y otros personajes del sueño siguen soñando. Para ellos la pierna está mutilada… y esta sabiduría gnóstica es herejía. La sabiduría siempre será herejía para los ignorantes.  La compasión es entonces la respuesta espontánea de la sabiduría al sufrimiento del sueño”.



Fuente: www.mundooculto.es

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