viernes, 25 de noviembre de 2016

​SAINT-GERMAIN. EL CONDE INMORTAL

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Entre 1880 y 1900, el nombre del conde de Saint-Germain, se hizo prominente una vez más cuando los miembros de la Sociedad Teosófica, incluyendo la famosa mística Helena Blavatsky, afirmaron que aún estaba vivo y trabajaba el “desarrollo espiritual de Occidente”. Hay incluso una fotografía supuestamente auténtica de Blavatsky y Saint-Germain juntos. En 1897, una famosa cantante de la época francesa  Emma Calvé dedicó un retrato autografiado de sí misma al famoso conde que aparentaba tener unos cuarenta años, a pesar de haber nacido supuestamente más de dos siglos atrás.
Virtuoso violinista, pintor, político, alquimista, inmensamente rico, sus amigos, que desconocían totalmente su procedencia, afirmaban que nunca lo había visto comer,  el conde de Saint Germain apareció aparentemente de la nada, sin registro de nacimiento o documentos que justificaran su identidad. La leyenda del misterioso conde se extendió por toda Europa durante cientos de años de un noble que afirmaba tener más de 300 añosos, se le relacionó con  rosacruces, masones, templarios o iluminatis. El filósofo Voltaire dijo en cienrta ocasión refiriéndose a Saint-Germain “es un hombre que nunca muere y que lo sabe todo” ,

Según algunos registros el conde nació en 1690, y según la teósofa inglesa Annie Besant era hijo de Francis Racoczi II, príncipe de Transilvania. Aunque algunos sostienen que ya estaba vivo en la época de Jesús, que asistió a la boda de Caná y que tuvo un papel influyente en el Concilio de Nicea en el año 325 d.C.

  Saint-Germain fue conocido en la alta sociedad europea en 1742. Él acababa de pasar cinco años con el shah de la corte de Persia, donde aprendió el oficio de joyero. La realeza y los poderosos estaban encantados con sus altos conocimientos de la ciencia y la historia, su capacidad musical, su encanto natural y el ingenio. Hablaba varios idiomas con fluidez, incluyendo holandés francés, alemán, español, portugués, ruso e inglés, el griego antiguo y el sánscrito. Pero fue en 1760 cuando se originó la idea de que Saint-Germain podría ser inmortal. En París ese mismo año,  una anciana condesa oyó que un conde de Saint-Germain había llegado para una velada en la mansión de Madame de Pompadour, la amante del rey Luis XV de Francia. La Condesa tenía mucha curiosidad porque ella había conocido a un conde de Saint-Germain, en Venecia en 1710. Al encontrarse con el de nuevo, ella se sorprendió al ver que no había envejecido y le preguntó si era el hijo del conde que ella conoció en Venecia.

 “No, señora”, respondió el conde de Saint-Germain, “pero yo vivía en Venecia a finales del siglo pasado y comienzos de este, he tenido el honor de haberla conocido bella y hermosa”. La condesa perpleja dijo:

“¡Perdóneme, pero eso imposible! El conde de Saint-Germain que conocí en aquellos días tenía por lo menos cuarenta y cinco años. Y es la misma edad que tiene usted.”

El conde con una sonrisa de complicidad le respondió: “Señora, yo soy muy viejo”. La condesa asombrada le dijo que debería tener “100 años”. El conde consiguió convencer a la condesa de que era el mismo hombre que ella conoció en Venecia, dándole todo tipo de detalles de sus encuentros anteriores y de la vida en Venecia 50 años atrás.

Convertido en diplomático de la corte de Luis XV, en 1760 en La Haya,  se reunió con Giacomo Casanova. Casanova dijo de Saint-Germain, “Este hombre extraordinario… estoy seguro de que tenía 300 años, y que conocía el secreto de la medicina universal, que poseía un dominio sobre la naturaleza, que podría derretir diamantes”.

En 1762 viajó a Rusia, donde se dice que fue cómplice de una conspiración que puso a Catalina la Grande en el trono. Más tarde también fue el informante de los ejércitos imperiales de Rusia en la guerra contra Turquía, que ganaron.

 En 1774 regresó a Francia, cuando Luis XVI y María Antonieta ocuparon el trono. Al parecer les advirtió de la revolución que estaba por venir 15 años después.

En 1779 se trasladó a Hamburgo, Alemania, donde tuvo una gran amistad con el príncipe Carlos I de Hesse-Kassel. Los siguientes cinco años, vivió como un invitado en el castillo del príncipe en Eckernförde. El conde de Saint-Germain pasó sus últimos años, en Hamburgo (Alemania), escribiendo un manuscrito conocido como “La Tres Sainte Trinosophie”, un clásico de la literatura ocultista. El libro está escrito en una mezcla de jeroglíficos y con lenguaje moderno, considerado por muchos la biblia del ocultismo. Y, según los registros locales, Saint-Germain murió el 27 de febrero de 1784. Aunque aquí no acaba su leyenda.

Cuentan que en 1785 se le vio en Alemania con Franz Anton Mesmer, el conocido hipnotizador. Algunos dicen que fue el propio Saint-Germain que le enseñó a Mesmer las líneas básicas para el hipnotismo y el magnetismo personal. Los registros oficiales de la masonería muestran que eligieron a Saint-Germain como su representante para una convención en 1785.

Tras la toma de la Bastilla en la Revolución Francesa en 1789, la condesa d’Adhemar dijo que tuvo una larga conversación con el conde de Saint-Germain. Supuestamente le advirtió del futuro de Francia. En 1821, ella escribió: “He visto a Saint-Germain de nuevo, lo vi cuando la reina Antonieta fue asesinada, al día siguiente de la muerte del Duque de Enghien en enero de 1815, y en la víspera del asesinato del Duque de Berry”. La última vez que lo vio fue en 1820 y siempre parecía ser un hombre de no más de 40 años.

La aparición más reciente de un hombre que dijo ser de Saint-Germain fue en 1972 en París, cuando un hombre llamado Richard Chanfray anunció que él era el legendario Conde. Apareció en la televisión francesa, y para demostrar su afirmación aparentemente convirtió el plomo en oro en una estufa de acampar frente a las cámaras. Chanfray, según dicen, se suicidó en 1983. ¡O quizás no!

Fuente: www.mundooculto.es

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